Parque Nacional de Komodo

El Parque Nacional de Komodo es honestamente un poco engañoso a primera vista. En tierra, tienes estas colinas ocres, quemadas por el sol, y matorrales espinosos, casi un paisaje marciano donde pensarías que nada podría sobrevivir. Luego, un dragón de tres metros de largo sale de detrás de una roca, moviéndose con absoluta confianza, y te das cuenta de quiénes son los verdaderos amos. Establecido en 1980 y nombrado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991, el parque cubre las tres islas principales—Komodo, Rinca y Padar—junto con decenas de islotes más pequeños y las aguas circundantes.

Pero en el momento en que te sumerges, todo cambia. El parque se encuentra en un estrecho corredor entre los océanos Índico y Pacífico. Todos los días, volúmenes masivos de agua son canalizados a través del archipiélago, creando "ríos en el océano." Estas corrientes alimentan una biodiversidad increíble: más de 1,000 especies de peces y 260 tipos de coral. Es uno de los pocos lugares en la Tierra donde los ecosistemas terrestres y marinos son igualmente poderosos e igualmente intactos. Es surrealista: puedes hacer senderismo con reptiles prehistóricos por la mañana y estar derivando con mantarrayas gigantes al mediodía.