Isla Kalong

La Isla Kalong no es un lugar donde desembarcarás para una caminata o un baño. De hecho, la isla es esencialmente un denso y enredado bosque de manglares que surge del agua. Usualmente llegamos aquí unos treinta minutos antes del atardecer, echamos ancla, y simplemente esperamos a que el espectáculo comience. Es uno de esos raros momentos en los viajes donde todos en el barco se quedan en silencio, percibiendo que algo extraordinario está por suceder.

La isla es hogar de miles de murciélagos frugívoros, también conocidos como zorros voladores. A medida que el sol se sumerge bajo el horizonte y el cielo se torna de esos profundos tonos de violeta y naranja quemado, los manglares parecen vibrar. Primero, unos pocos exploradores emprenden el vuelo, pero dentro de minutos, miles de ellos se elevan al aire. Forman un masivo y oscuro río a través del cielo crepuscular, dirigiéndose hacia el continente de Flores para buscar alimento durante la noche.

Hay algo increíblemente primordial en ello. No hay ruido de motores, no hay música —solo el rítmico aleteo de miles de alas sobre tu cabeza. Se siente como si hubieras sido transportado directamente a una escena de un documental de naturaleza. Es la manera perfecta de concluir un día en el archipiélago: no se requiere esfuerzo, solo una bebida fría en la mano y uno de los espectáculos de vida silvestre más fascinantes que verás jamás.